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El día 15 de julio partí rumbo a Wittenberg para formar parte de la Exhibición Mundial de la Reforma. Iría como uno más de los 16 jóvenes de la Red Global de Jóvenes Reformadores. ¿Qué esperar de este viaje? ¿A quiénes iría a conocer allá? ¿Qué cosas nuevas aprendería en Wittenberg? Eran algunas de las preguntas que se me pasaban por la cabeza.

Llegar a la ciudad de Lutero y reencontrarme con algunos jóvenes ya conocidos de Colombia, Brasil, Suiza y Alemania, sin duda, fue la primera alegría que sentí en este viaje. Personas que había conocido hacía un año en un retiro internacional en el sur de Brasil y que ahora, increíblemente, nos volvíamos a ver al otro lado del mundo, era algo que parecía hasta cierto punto irreal. Compartir experiencias, historias de vida, la situación de nuestras iglesias y nuestros jóvenes nos llevaron largas horas de conversación, preguntándonos también qué sería lo que nos depararía esta jornada de dos semanas.

Los 16 arribamos al youngPOINTreformation, exhibición ubicada en pleno centro de la ciudad de la Reforma y organizada por la Juventud Evangélica de Alemania (Evangelishe Jugend). Vivimos durante una semana en la misma exhibición, ¡sí en la misma exhibición! A un costado de la construcción principal se ubicaba nuestro nuevo hogar, cinco containers habilitados con dormitorios, baños y cocina, más un pequeño espacio de descanso. Este fue el lugar que nos acogió durante los primeros siete días. Aquí a todos nos tocó trabajar en diferentes tareas, desde encargarnos de la recepción de las visitas a la exhibición (sin duda un desafío el que un grupo que sólo hablaba inglés tuviera que recepcionar en su mayoría visitantes alemanes, ¡de los cuales no muchos entendían el inglés!), pasando por la cocina, la venta de alimentos en el quiosco, los devocionales diarios hasta la limpieza del lugar. Fue una experiencia de trabajar en equipo realmente gratificante.

Además, cada uno tuvo la oportunidad de dirigir un taller sobre el proyecto que está realizando con sus propios jóvenes. En mí caso pude exponer sobre nuestro proyecto de reciclaje REfórmate! Con el cual reflexioné acerca de nuestra responsabilidad como cristianos para con la Creación. También a cada uno nos tocó exponer sobre nuestras iglesias y trabajo con los jóvenes. Es increíble ver que muchos de los desafíos que tenemos como iglesias y juventud son compartidos por diferentes contextos, como por ejemplo, la poca participación de gente joven en la iglesia, la falta de identidad luterana dentro de las comunidades, el cómo volvernos iglesias más abiertas a la sociedad, etc.

En ese sentido, fue también relevante el poder haber asistido a la premier de la película de la Federación Luterana Mundial (FLM) sobre la Pre-Asamblea de jóvenes realizada en mayo del presente año en Namibia, donde los tres temas que se propusieron a ser trabajados durante el próximo periodo son justamente: Equidad, Reavivamiento de las Iglesias y Educación. Temas que, al menos percibo, como sumamente relevantes para nuestro contexto chileno y eclesial.

Luego de estos siete emocionantes días nos dirigimos a la “Carpa del Paraíso” (Heaven Tent) de la FLM ubicada en el famoso Jardín de Lutero. Acá pudimos seguir compartiendo, a través de charlas preparadas por nosotros mismos, acerca de nuestros contextos y proyectos, además de presentar en qué consiste la Red Global de Jóvenes Reformadores a todos quienes visitaban este lugar. Aquí tuvimos la oportunidad de hacer una entrevista grupal con el director del departamento de misión y desarrollo de la FLM, Fidon Mwombeki, con quien pudimos compartir nuestras inquietudes y opiniones respecto al futuro de la Red.

Fueron dos semanas, no sólo de trabajo, presentaciones y talleres, sino que también de compartir nuestras experiencias como jóvenes cristianos luteranos, nuestras experiencias de vida, nuestras experiencias de fe. Soy un convencido de que estas instancias, estos eventos internacionales, no solo son importantes por el conocimiento que uno recibe, sino que por las vidas que uno conoce. Para mí es muy motivador ver cómo otros jóvenes del mundo trabajan en sus iglesias, como viven su fe. Sin duda, uno regresa a su país con nuevas energías, con nuevas esperanzas respecto al trabajo eclesial. No estamos solos en este mundo, somos muchos los que trabajamos para compartir el Evangelio de Cristo en este mundo.

 

Karl Michael