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“La salvación no se vende”

Ha sido un subtema de la FLM para conmemorar los 500 años de reforma protestante.

Engancha muy bien con los comienzos de esta reforma, con la protesta de Lutero contra la venta de las indulgencies.

No ha sido la primera vez en la historia de la humanidad que en nombre de Dios las autoridades religiosas han hecho negocio con la religiosidad ingenua y supersticiosa de la gente. (Jesús tenia que expulsar los mercaderes del templo.)

También en el Chile de hoy se propaga una “teología” de la prosperidad. Existe la “Iglesia Universal del Reino de Dios” con su lema “Pare de sufrir”, su “radio universal” con señal durante los 24 horas, un templo para 1,5 mil personas, una linda página web con impresionantes testimonios de personas de todas partes de Chile , emotiva música y fotos de sus acciones sociales con subtítulos como: “En las noches hostiles de Santiago la Universal lleva esperanza a quienes viven en medio del dolor” y “La Universal se hizo presente en el campamento San Francisco, ubicado entre los límites de la comuna de la Pintana y San Bernardo, en la ciudad de Santiago, para realizar su llamado. “Porque me ungió el Señor; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel” Isaías 61: 1.

Se sabe que esta organización mueve una inmensa cantidad de dinero. Dice a la gente: Si tú eres generoso con nosotros, Dios va estar generoso contigo. Mientras más ofrendas, más bendición vas a recibir.  Lo que no sale en la página web: ¿Cómo “La Universal” maneja esos dineros?  ¿Quiénes administran, y cómo, las finanzas? ¿Es realmente una organización “sin fines de lucro”?  Más que una crítica teológica me gustaría que por lado del Estado haya más exigencias en trasparentar los balances económicos de organizaciones religiosas…

Pero esa “iglesia” actúa en contextos sociales que no son mi contexto. Por eso no quiero profundizar en la crítica a ella.

Mi contexto me lleva a otra pregunta, más fundamental:

Cuando hablamos de SALVACIÓN, ¿de qué salvación hablamos?

¿Qué salvación es por pura gracia, solamente por fe y solamente por la Palabra de Dios, realizada y regalada en y por el evangelio de Jesucristo?

Me imagino que Lutero hubiera dicho: Es la salvación mediante el sacrificio de Jesucristo en la cruz por nuestros pecados y su resurrección triunfal, su victoria sobre el poder del pecado, de la muerte, del infierno y del diablo. Es la salvación de nuestras almas para la vida eterna y celestial.

La experiencia de esta salvación libera al ser humano para una vida de servicio, de amor y esperanza en y para este mundo terrenal y perdido, hasta cuando regrese el Señor.

Me doy cuenta de la brecha entre esta visión “celestial” con nuestro/mi mundo secularizado:

Me pregunto: ¿hasta donde realmente estamos interesados en, o angustiados o impactados todavía de esta salvación eterna y “celestial”? Poco nos asustan el diablo y el infierno y somos bastante “generosos” con nuestra pecaminosidad humana. No necesariamente esperamos que el Señor vuelva pronto, sino más bien creemos en una evolución de la humanidad en este mundo. Sí nos asusta todavía la muerte. Pero no por lo que viene después sino por ser el fin y la amenaza de nuestra existencia en este mundo y cuando nos recuperamos de una larga enfermedad decimos: “Me salvé”.

Cuando en mi contexto se habla de “salvación” se habla de salvación terrenal y temporal: “Salvemos el bosque, las ballenas, el aire, el agua, la democracia, las jubilaciones etc…”

Y muy a menudo algunos discurso eclesiástico pasan demasiado rápido también a estos temas y salvaciones temporales, terrenales, sociales y políticas.

PERO: Estas salvaciones terrenales y temporales no son ni gratis o “por solamente por gracia”, ni solamente por fe, ni solamente por la Palabra. Para esas salvaciones sí se necesitan racionalidad, dineros, leyes y políticas. Y no necesitamos necesariamente el evangelio de Jesucristo para colaborar en la lucha contra el deterioro del sistema ecológico, la corrupción, el SIDA, etc.

Y me/les pregunto: Si la dimensión de la SALVACIÓN ETERNA ya no tiene mucho peso, ¿qué fuerza tiene entonces nuestro mensaje? ¿Cómo experimentamos la relación entre la dimensión eterna y la temporal, entre lo celestial y lo terrenal?

¿Cómo traducimos e interpretamos hoy la frase del Apóstol Pablo” (Romanos 7,24):

“Qué hombre tan miserable soy;

¿Quién me librará del poder de la muerte que está en mi cuerpo?

Solamente Dios,

 a quién doy gracias por medio de nuestro Señor Jesucristo.”

 

Siegfried Sander